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28 de mayo de 2017

¿Como el cangrejo o como el caracol?

En ocasiones llegamos a esos momentos mágicos, entrecruzamiento de caminos que llegan a lugares diferentes o no. ¿No hablaba Jorge Luis Borges de un jardín con senderos que se bifurcan como metáfora del tiempo? Pues agreguemos los cronotopos bajtinianos y voilá, tenemos ese momento mágico en que tiempo y espacio marcan bifurcaciones, nuevas entradas, puertas que se abren (o cierran) cuando menos lo pensamos. ¿Qué hacer en esos momentos? ¿Cuáles decisiones son las correctas? ¿Hay una sola decisión correcta? No lo sé. No tengo respuestas el día de hoy, tengo preguntas que me hago continuamente desde hace meses.

Casi como en una fábula, la pregunta es ser como el cangrejo o como el caracol. El cangrejo, bien sabemos, suele vivir junto al mar o en la arena y frecuentemente camina de lado. No me dedico a la zoología, ni siquiera a la zoología fantástica, así que no tengo idea por qué lo hace. Me queda claro, sin embargo, que ser como el cangrejo implica tener una actitud oblicua ante los cambios que se aproximan. El cangrejo avanza, aunque en ocasiones parecería caminar hacia atrás. ¿Quiero ser como un cangrejo y avanzar de manera lateral o retroceder? Más aún, ¿quiero vivir, como el cangrejo, junto al mar? Esa es una de las posibilidades en este momento: retroceder en lugar de avanzar, o avanzar de manera oblicua, y vivir la vida del cangrejo.

En cambio, el caracol vive en la tierra o en los árboles si puede. Anda despacio, pero siempre avanzando. Es de conocimiento común que los caracoles llevan su casa a cuestas, no importa donde vayan; de esta manera, pueden refugiarse en caso de necesidad. Claro, inmediatamente recuerdo los muchos caracoles de jardín que vivían en el Centro Nacional de las Artes, en la ciudad de México, que morían aplastados por la gente. Pero ellos, esos caracoles intrépidos, salían tras la lluvia a andar por los pasillos del CENART. ¿Quiero, entonces, ser como un caracol y quedarme dentro de mi casita, avanzando lento pero segura?


Lo único que sé es que este es uno de esos momentos mágicos en que tengo la oportunidad de elegir mi camino y cómo caminarlo. Soy una transhumante eternamente en movimiento, estoy en peregrinación, en ruta algún lado. La alternativa es estancarse, casi un suicidio intelectual. Sin embargo no es fácil decidir por dónde seguir y cuál es el destino.

6 de enero de 2016

Multilingualismo at its best

No estoy segura de lo que le suceda a otras personas en una situación similar a la mía. Sólo puedo hablar de la experiencia propia, la que vivo cotidianamente. Me dedico a estudiar literatura tardío-medieval, particularmente las épicas y los romances épicos--por llamarlos de alguna manera--relacionados con el contacto ficticio entre la Cristiandad y el Islam. En este momento estoy haciendo un poco más de investigación pues estoy escribiendo un artículo a ser incluido en un libro sobre Carlomagno. Mi capítulo trata sobre la leyenda de Mainet, es decir la infancia y juventud de Carlomagno, que aparece en varios textos medievales. Algunos de ellos son castellanos, otros son franceses, otros más son franco-italianos, a los que se les suman ejemplares en gallego, latín, inglés medio, galés y alemán. Y allí no termina el asunto, pues quienes han estudiado y estudian las épicas carolingias producen en castellano, italiano, francés, inglés y alemán.

L'Estoire de Merlin, c. 1316. British Library, Add. MS  10292, f. 163v
Así, sucede que estoy leyendo un artículo que trata sobre el multilingualismo en uno de esos textos, particularmente en relación a los "autores" (aquí entrecomillado porque el concepto que actualmente tenemos de un autor no aparece sino hasta mucho más tarde) y quienes pusieron por escrito Aquilon de Bavière. De repente, yo (hispanohablante nativa que vive en los Estados Unidos hace doce años) me doy cuenta a medio artículo (escrito en francés por una investigadora holandesa) que estoy leyendo una cita del italiano. Como dicen en México, "discúlpenme pero perdónenme", no me dí cuenta sino hasta cuando volví al francés.

Ser medievalistas, particularmente cuando estudiamos literatura e historia de manera comparativa, nos fuerza más allá de los idiomas nativos y aprendidos en la escuela primaria o secundaria. De alguna manera nos volvemos ejemplos vivientes del sueño del esperantista, pues nos entendemos a pesar de que la torre de Babel fue derrumbada y las personas dejaron de entenderse unas a otras. Me queda clarísimo que desde fuera esto parece simple, pero somos un puñado de personas en el planeta que nos entendemos en múltiples idiomas (escritos y hablados) simultáneamente. Somos herederos de los mercaderes mediterráneos que desarrollaron una lingua franca, de los clérigos medievales que discutían en una lengua aprendida durante los sínodos y concilios, de los habitantes de las zonas fronterizas pasadas, presentes y futuras que desarrollan una Mischsprache, una lengua mixta.

Y así, ciudadana del mundo, regreso al artículo que leo para luego volver al capítulo que escribo. Me reconozco en estos juglares y escritores que "traducían" y "localizaban" los textos de otros a su entorno. Así, con una sensación de conexión trans-histórica y casi a nivel planetario, regreso a mi realidad ecléctica, multilingüística y difusa.

11 de septiembre de 2015

Procesos de escritura II

Termina el verano y uno imaginaría sentirse descansado. Al fin y al cabo, si uno se dedica al trabajo académico, en verano uno no enseña. Pero no es cierto que los académicos tenemos tiempo libre en verano. No enseñar nos permite hacer todas esas cosas que también tenemos que hacer.

Este verano (que aún no termina según el calendario, pero que concluyó en el segundo en que empezó el semestre) me dediqué a escribir. En primer lugar, escribí un artículo (aproximadamente 20 páginas) a partir de una presentación que hice en una conferencia (originalmente 7 páginas), lo que requirió hacer más investigación sobre una diversidad de temas. En segundo lugar, leí una colección de ensayos sobre monstruos infantiles e infantes monstruosos para escribir una reseña del volumen. Tercero, desarrollé mi seminario sobre la representación literaria y visual de Eva en la cultura occidental. Finalmente, revisé mis notas para mis cursos de literatura europea (de la antigüedad a hoy) y literatura británica (de la edad media hasta finales del siglo 18).

Lo que sé de cierto es que me la paso escribiendo y leyendo, sea verano o no. Aunque el semestre de otoño comenzó, sigo preparando nuevos materiales. Por un lado, tengo un artículo casi concluido que necesito revisar para mandar a una revista académica (me han pedido material y creo que éste es el artículo que mejor funciona para este espacio). Por otra parte, estoy trabajando en mi libro que, aunque parcialmente proviene de mi tesis doctoral, conlleva más investigación y escritura.

Por eso, me he estado preguntando cómo será la manera más fácil (por no decir adecuada) de poner en orden mis archivos e ideas. Algunos colegas han mencionado Scrivener, que parece ser un procesador de palabras con un sistema de organización integrado. Otros mencionan Zotero. Más aún, un grupo de colegas han escrito un volumen colectivo llamado How We Write: Thirteen Ways of Looking at a Blank Page. Es decir, no soy la única considerando las diferentes estrategias de escritura.

12 de octubre de 2014

Querido papá

Hoy hace quince años que falleciste, ¿sabes? Por algo era que, a pesar de hacer muchas cosas en casa y calificar exámenes parciales de mis alumnos, hoy no quise salir. Por algo es que vuelvo a usar mi blog. Por algo, porque me haces falta.

Te pongo al día en mis cosas, porque hace mucho que no te platico nada. Espero que te acuerdes que terminé el doctorado y que ahora estoy haciendo una estancia pos-doctoral. La vida académica es mucho más difícil ahora que hace unos años, así que intento mantener el optimismo y la productividad aunque sé que las cosas no son fáciles. Te contaría detalles, pero no quiero preocuparte por las cosas que suceden aquí. Lo que sí puedo contarte es que recién mandé un artículo a una revista académica (con revisión ciega por pares y toda la cosa). También estoy empezando con las ideas para el libro, del que tengo algo así como un capítulo ya.

En otras cosas, pues tu nieta es una mujercita muy hermosa. Acaba de terminar sus estudios de cosmetología y piensa terminar la licenciatura, que dejó a medias. Aunque no está segura de qué quiere hacer con ella, creo que ha aprendido a no cerrarse las puertas.

También te puedo contar que mamá está muy bien, a pesar de que son 15 años de que no la ves. El médico le dijo que sí puede ir a México y está emocionada de que podamos ir las dos juntas, quizá en diciembre. De hecho, estoy pensando que podríamos ir Irene y yo, así se ven ellas.

Mi hermana, pues con muchos cambios en la vida, pero todos positivos. Sus historias son de ella para contarte, pero no puedo evitar decirte que está enloquecida de felicidad ahora que aprendió a bailar rock (como el de antes).

Si me preguntas, como siempre lo hiciste, qué he estado leyendo te cuento que leo Calila y Dimna. No, no creo que lo hayas leído. Es un libro originado en India, que llegó a Persia y de allí se diseminó hacia la España mora. Ya te cuento cuando lo termine, pero tengo la impresión que incluso las fábulas de Esopo tienen relación con este texto.

No, no he ido al cine. En eso me sigo pareciendo a ti, porque no me gusta ir al cine sola. Y, claro, tampoco es que tenga mucho tiempo para hacerlo. Supongo que tú tampoco has ido, porque en donde estés no creo que haya cines. ¿Hay libros?

14 de mayo de 2013

Periplos y encuentros

Una vez más vino el momento de participar en nuestro peregrinaje anual a Kalamazoo. Sin embargo, esta ocasión mi plan de viaje incluyó, a la manera del viaje a Itaca que escribió Constantino Kavafis, la visita a otros lugares en camino a y de regreso de mi destino. Esta entrada es, pues, un breve recuento de estas últimas dos semanas como recordatorio para mí misma y para satisfacer la curiosidad de mis lectores.
Inicié mis aventuras con un contratiempo. Iba yo a viajar la noche de un jueves con destino inicial a Portland en donde mi vástago me recogería para ir a Corvallis (en el estado de Oregon). Lamentablemente compré un boleto con una línea aérea que nunca jamás me transportará después de lo sucedido. Spirit canceló el viaje aduciendo problemas climáticos (y juro que, por más que busqué dichos problemas en todos los Estados Unidos, fui incapaz de encontrar razón alguna para hacer tal cancelación). Desde luego nos devolvieron el dinero del pasaje pero tuve que comprar un boleto mucho más caro para la mañana siguiente en otra línea aérea.

Mi estancia en Corvallis se debió a la celebración prematura del día de las madres en la universidad en donde mi hija estudia. Todo el fin de semana estuvo lleno de actividades celebratorias aunque mi hija y yo sólo acudimos a un par de ella: un taller de joyería con materiales reciclados y un mercado "sobre ruedas" de artesanías modernas. Además, aprovechando la visita, mi hija me acompañó a concluir mi ritual doctoral privado que ahora llevo grabado en la piel (mi tatuaje es una versión de la imagen que uso en mi perfil en este sitio).

Librería Powell's (la foto no es mía).
El último día fuimos a Portland, en donde aprovechamos para ir a una de las librerías más maravillosas en los Estados Unidos: Powell's (la otra es The Strand, en Nueva York). Yo no compré nada para mí, pues sabía que la venta de libros en Kalamazoo ofrecería suficientes tentaciones para mi bolsillo. Mi hija, en cambio, aprovechó para comprar dos libros que le interesaban. Finalmente, fuimos a mi destino temporal, casa de una querida amiga en donde yo pasaría la noche antes de emprender hacia el este.

Así, la mañana siguiente partí hacia Illinois... uno de los estados más llanos en este país. Llegué a Chicago y renté un auto, pues la movilidad fue parte esencial en mi semana y media en esta área. Aproveché para ver a mi amiga Jennie, que vive a una hora de la ciudad, y me quedé dos días allí. Además de verla, disfruté montones una caminata por uno de los parques estatales. De hecho, vi tres venados en una de nuestras caminatas (en Perry Trails). Como había amenaza de clima frío, fuimos de compras, pero sinceramente creo que no me tomé en serio la amenaza y sólo compré una camiseta de manga larga... y lo pagué después.

De allí manejé hasta Kalamazoo... a donde llegué cuando la lluvia empezaba a caer. La conferencia no comenzaba sino hasta el día siguiente (el jueves), así que me reuní con algunas colegas y tuvimos la oportunidad de ir a cenar. Siguieron tres días enteros de sesiones y reuniones, encuentros con conocidos y nuevas personas. Sin duda, fueron tres días muy productivos y estimulantes (también por el frío, he de agregar). Finalmente llegó el domingo, día de dejar Kalamazoo y viajar hacia Chicago (porque dejé a una amiga en el aeropuerto), de allí a Bartlett (a dejar a otra amiga en casa de su padre) y finalmente llegar a Elgin.

Field Museum en Chicago (la foto no es mía).
Elgin está ubicado hacia el noroeste de Chicago, a una hora del centro. En realidad ya no podría decirse que es un suburbio sino un pueblo separado. La región es especialmente hermosa pues esta época todo está verde y los árboles empiezan a florecer. Además, está llena de pequeñas lagunas y algunos ríos. Sin embargo, a primera hora el lunes, fui hasta Chicago pues tenía reunión en el Field Museum. Claro está que elegí el camino menos transitado, el tráfico en las carreteras es lo menos indicado una mañana de lunes, así que terminé tardando más en llegar (dos horas en total), pero vi Chinatown, Cicero y el corredor industrial que están en la zona sur de la ciudad (y que nadie visita, desde luego).

El martes, en cambio, no manejé. Por la tarde, cuando mi amiga regresó del trabajo fuimos a caminar junto al río por un rato y luego paseamos en auto. Pasamos por St. Charles y en Geneva nos estacionamos, caminamos un poco y cenamos en un restaurant japonés. La verdad que esta región es muy bonita, aunque el día de hoy hace calor... y ya mañana regresaré a casa. Este fue mi largo viaje, de lo más merecido, pues he concluido por fin el doctorado.

29 de abril de 2013

Una semana después...

Me hablaron de depresión post-parto. Me dijeron que me sentiría perdida. Me comentaron que tendría sentimientos encontrados sobre sentirme sobreprotectora de mi trabajo, por un lado, pero por otro no querría saber nada más de él. Me contaron de la sensación de vacío una vez que defendiera la tesis doctoral. Y, a pesar de lo escuchado, no pasa aún nada de eso. Me siento satisfecha de mi trabajo, no siento la necesidad de revisar obsesivamente lo ya hecho, ya entregué la tesis y la defendí. Esa puerta ha quedado cerrada.

No me siento perdida ni angustiada. Las cosas se irán encaminando... poco a poco. Por ahora tengo otras cosas que hacer que había dejado de lado debido a todos mis pendientes anteriores. La verdad, siento una enorme sensación de libertad y no me avergüenza admitirlo.

Ahora bien, se aproxima nuestra peregrinación anual a Kalamazoo y veré a muchos conocidos y amigos. Serán días de fiesta académica, días de participar en conversaciones estimulantes. Será por eso que no me siento vacía, porque frente a mí hay muchas cosas que me gusta hacer.

17 de abril de 2013

48 horas más

Sólo quedan cuarenta y ocho horas. Después de eso, me sentaré junto con mi comité doctoral a discutir mi tesis y el camino que quiero seguir con la investigación involucrada en ese proceso. Hablaré con ellos de lo ya escrito y lo que planeo hacer. Escucharé sus recomendaciones y sus comentarios, seguramente me harán preguntas sobre lo ya escrito y lo que debería ampliar para incluir en el libro.

Mi estado de relativa calma me parece sorpresivo. Sin embargo, ya no hay nada que pueda hacer ahora, ellos tienen la última versión de todo el documento. Son cerca de trescientas páginas (incluyendo la bibliografía) de las cuales no espero que lean todas. Leerán la introducción y quizá algún capítulo. Posiblemente el epílogo. Hojareán el resto, dependiendo qué les llamó la atención en la introducción.

He preparado un breve discurso inicial, que les agradece su colaboración en el proceso. Luego planteo muy brevemente qué hice y qué quiero hacer a partir de este proyecto. Les solicito, finalmente, que por última vez (de manera formal) me ofrezcan retroalimentación. Sé que alguno de ellos seguirá estando dispuesto a ayudarme a pensar en cómo hacer dos artículos para ser publicados. Incluso, podría ser mi propia asesora, pero eso no lo podría asegurar.

Así, dejo de ser una postulante para ser una doctora... y no puedo quitarme de la cabeza el dicho ese, "scio me nescire". Cuanto más leo y estudio, más preguntas tengo y más quiero saber. En breve, pasaré al siguiente rango, sin que eso me haga más sabia solamente me hace más leída.

4 de abril de 2013

En la sala de espera

Fotografìa de Luis Felipe Salas
Hace algunos años, no recuerdo cuántos, mi hermana y yo hablábamos del fenómeno psico-social de las salas de espera. Realmente tampoco tengo clara en la memoria la razón por la que hablábamos de ello, pero me acuerdo bien de haber mencionado que se genera una situación de unión temporal que pareciera intensa. Esta circunstancia es similar a la que se da en el avión en un viaje largo, sobre todo cuando uno empieza una conversación con el vecino de asiento. Es más, es poco frecuente que uno mantenga los vínculos establecidos en estas situaciones temporales.

La estancia en un programa doctoral es similar a una prolongada permanencia en una sala de espera, sobre todo cuando los estudiantes son extranjeros y volverán a su país al concluir los estudios. De hecho, en los Estados Unidos, en donde la gente tiende a trasladarse del lugar en donde nace para estudiar en otra ciudad y, de allí, se muda a trabajar a algún otro lado, esta experiencia es particularmente intensa. Digamos que antes de llegar a San Diego yo no había vivido esto, puesto que al terminar la universidad pude mantenerme en contacto con mis compañeros y compañeras. Todos vivíamos en la ciudad de México.

La meta-experiencia en este proceso doctoral se intensifica y multiplica cuando uno ha terminado la escritura de la tesis y el momento de la defensa. Estoy en una sala de espera dentro de otra sala de espera. Estoy a la espera de algo que no puedo imaginar, que trato de alcanzar. Espero obtener un trabajo en la academia, como profesora asistente (visitante o definitiva) o en un pos-doctorado. Pero mientras tengo que esperar en la sala de espera que está en otra sala de espera más grande.

¿Qué se puede hacer en esta concatenación de esperas? Por lo pronto, sigo haciendo solicitudes de empleo (que cada vez hay menos, pues la "temporada de caza" casi ha concluido). He vuelto a hacer ejercicio y hoy debería ir a caminar, por lo menos. Tengo finalmente tiempo para leer cosas que me interesan y no están directamente relacionadas con la tesis. En fin, es como tener un fin de semana largo en medio de la tormenta... es una sala de espera.

25 de marzo de 2013

Y así fue...

Seder (Fuente: British Library MS Additional 14761, fol 28v)
Hoy, finalmente, terminé de calificar los últimos ensayos de la última clase en que seré ayudante en la Universidad de California, San Diego. Me siento mucho más contenta de lo que me imaginaba. De hecho, me dediqué seis horas completas a verificar los derechos de autor de las diecisiete imágenes que tengo en la tesis doctoral. Seis horas sin parar, no lo puedo creer. Qué felicidad más grande.

Ahora, será hora de festejar la Pascua judía.

Jag sameaj a todos.

18 de marzo de 2013

De partos y post-partos

Finalmente llegó el día en que ya no escribo ni reviso mi tesis. Está terminada, por lo menos hasta recibir los comentarios de mi comité durante la defensa. No sé cómo me siento, todavía. Por una parte estoy muy contenta y me siento muy satisfecha de haber hecho lo que debía. Me gusta el resultado y eso es lo importante. Por otra parte, estoy agotada. Llevo demasiados años trabajando en el mismo proyecto sin parar. No estoy triste, ni me siento vacía.

Claro que todavía tengo que calificar los exámenes finales de los estudiantes que tuve este trimestre... y calificar los ensayos de la clase en que fui lectora. Y tengo un congreso este fin de semana en donde presento una parte de la tesis... y mandé otra parte como ponencia a otro congreso más (que tiene lugar en enero de 2014). No, supongo que no me he quedado "vacía" sino con un poco más de tiempo para hacer lo que tengo ganas... y seguir haciendo solicitudes de empleo porque, al final de cuentas, este es un proceso larguísimo.

Tengo todo un mes para calificar y limpiar la casa, descansar un poco y prepararme para la defensa. En realidad, me siento como niña con juguete nuevo.

13 de marzo de 2013

Querido Papá

se acerca tu cumpleaños y pienso en tí, como todos los años. Aunque, siendo sincera, te pienso muy seguido. Pero las fechas importantes, los eventos vitales, los cambios en la vida, todas esas cosas me hacen detenerme y tener ganas de platicarte.

Y ahora, que se acerca tu cumpleaños y estoy por defender la tesis doctoral, quisiera contarte tantas cosas. Quizá después será mejor, para platicarte de la defensa y de los nervios que sentí antes. Lo importante es que por fin llegó el momento y dejaré de ser estudiante.

Gracias, papá, por enseñarme que la literatura me permitía ver mundos que no podría ver con mis propios ojos. Creo que tú sabías bien de lo que hablabas y me abriste una puerta enorme.

¡Gracias!

19 de febrero de 2013

Aquí sigo...

http://blog.rtve.es/.a/6a014e6089cbd5970c017c32b680ab970b-800wia punto de terminar la tesis, sólo necesito pulir la introducción y darle una revisada a todo el documento.

Se siente extraño. De repente, frente a mí, se abre un enorme vacío. Por primera vez me doy cuenta que esta ruta cambia radicalmente. Ya no seré estudiante. La vida real vuelve a comenzar a partir de aquí y me he olvidado lo que significa eso de "la vida real".

Y, me pregunto, por qué siento tanto miedo... qué es lo que dejo atrás a lo que me aferro. Qué temo encontrar adelante... o es precisamente que no sé qué hay en el futuro que tanto me altera. Es como saltar al vacío, sí. Eso es lo que siento.

Como sea, sé que a final de cuentas todo valió la pena. He pasado 9 años haciendo dos posgrados (una maestría y un doctorado). He aprendido muchísimas cosas y desaprendido otras. Conocí gente maravillosa y alguna otra terrible. Porque sí, así es la vida.

3 de febrero de 2013

Homo sedentem

¿Alguna vez te has preguntado, querido(a) lector(a), en qué nos diferenciamos del homo erectus?
Remedios Varo, Presencia inquietante (1959)

El ser humano en el siglo XXI ha dejado de ser un hombre erguido. Quizá hace unas décadas aún vivíamos según ese apelativo. Ahora, después de haber estado tres días en una maravillosa conferencia (y no me malinterpreten, de verdad que la pasé muy bien y aprendí mucho), me doy cuenta que la vida ha cambiado.

Digamos el día de hoy, como ejemplo de mi planteamiento. A las 8:45 de la mañana me senté dentro de mi automóvil para llegar de Pasadena a la Universidad de California en Los Ángeles. Después de media hora, llegué a mi destino, estacioné mi auto y caminé hasta el edificio en donde tenía lugar el seminario de hoy. A las 10 de la mañana ya estábamos todos sentados...

y seguimos sentados hasta la 1 y media, cuando tuvimos una pausa para comer algo. Nadie siquiera pensó en sentarse a comer, pues el día todavía nos ofrecería suficientes oportunidades para ello. Pero 45 minutos después volvimos a estar sentados. Finalmente, a las 5 y media de la tarde, nos levantamos nuevamente de nuestros asientos.

Lamento informarte, lector(a), que caminé hasta mi coche y manejé dos horas hasta San Diego. Evidentemente nadie ha inventado una forma de transporte individual en donde el conductor pueda estar de pie.

No voy a hacer las cuentas, pero me quedaba clarísimo hoy, mientras escuchaba las conversaciones dentro del seminario que hemos dejado de ser el humanoide erguido para ser el humanoide sedente. Por suerte mis días normales no son así, pues practico la caminata a campus traviesa.

23 de enero de 2013

Las pasiones del alfiletero

No hace falta conocerme demasiado para saber que soy una cobarde cuando se trata de dolor físico. Pero, por si no lo sabían, le tengo terror a todo lo que causa dolor. De niña, cuentan las malas lenguas, para ponerme una inyección se necesitaban tres personas... y lo peor de todo es que yo sufría de amigdalitis casi crónica, por lo que me daban penicilina con mucha frecuencia.

De tatuajes ni hablemos, porque el sólo pensar en pasar por la tortura de las agujas con tinta ya me siento desmayar. O las perforaciones varias que están tan de moda en todas partes, ya sea en cartílagos o piel. Yo, de imaginármelas me muero del horror.

Y sí, soy la misma persona que le teme tanto a las agujas, pero ahora resulta que disfruto enormemente la acupuntura. Bueno, no es que me guste que me usen de alfiletero. Lo que me encanta es el efecto que me causa el tratamiento. No puedo negar que la sesión de hoy me dejó algo adolorida, pues tenía los músculos de la espalda totalmente contracturados (sí, ya sé, es el famosísimo estrés, pero no es el momento para regañarme).

El día que yo pueda, me dedicaré a ser masajeada y atendida como princesa. Mientras, me someto a la acupuntura en espera de reducir los estragos que me produce tratar de terminar la tesis y todo lo demás que estoy haciendo.

¿Será que tendré alma de faquir?

17 de enero de 2013

No he desaparecido...

No he desaparecido,
no todavía, por lo menos.
Aquí sigo,
sobrevivo.

Como haiku, no cabe duda. Pero, la realidad más banal es que estoy trabajando mucho, a marchas forzadas. Quiero terminar la tesis doctoral ya, estoy enseñando una clase que requiere preparación porque incluye gramática, tengo que leer los materiales para otra clase en donde yo sólo califico los trabajos de los alumnos, encima de asistir como oyente a un seminario sobre filosofía política y colonialismo.

Lo bueno es que, con todo este torbellino de cosas, se me ocurren miles de cosas que quiero hacer como proyectos de investigación en un futuro próximo. Por suerte, no pierdo jamás el interés en cosas nuevas.

Así que, por ahora, mantendré un silencio casi total y ya volveré.

31 de diciembre de 2012

Comencemos un nuevo ciclo

No suelo hacer listas de resoluciones de año nuevo, porque esas listas se vuelven obligaciones que no puedo cumplir. Tengo suficiente experiencia en este ritual que sé que debo evitar esperar demasiado del "año nuevo" pero, al igual que Mafalda, me causa emoción un nuevo ciclo similar a un cuaderno nuevo. Sin embargo, mi experiencia también me indica que esta vez es un ciclo totalmente nuevo para mí.

Este año termino el doctorado y no volveré nunca más a estar formalmente en la posición de alumna. Ahora lo que queda es encontrar un lugar adecuado para hacer lo que más me gusta: enseñar y aprender, estudiar, leer, compartir ideas y conceptos. Este año dará inicio un nuevo ciclo en mi vida y eso, realmente, es mucho más emocionante que un cuaderno nuevo.

Te deseo, lector, que tu año nuevo sea un cuaderno hermoso en donde acumules notas de tus días y de tus noches. Que cada hoja de tu nuevo cuaderno contenga maravillosos momentos que quieras recordar para siempre.

18 de diciembre de 2012

Identidad y ambivalencia

El día de hoy tuve que pasar un rato en el consulado de mi país para sacar nuevamente mi pasaporte. En sí, este evento de manera tan aislada no implica nada. Por ello, déjenme que les cuente por qué me causa tanto conflicto.

Primero que nada, el consulado no queda en la ciudad en donde vivo, sino a dos horas de aquí (sin tráfico, pero cuatro o cinco si hubiera tráfico). Esto implica un mínimo de 4 horas en el auto, sin ninguna alternativa. Dejando de lado el gasto de combustible, estar 4 horas tras el volante no es lo que siento como prioridad en estos días.

Sigamos. Otro problema que se agrega a mi aventura consular es el hecho que las oficinas sólo están abiertas de 9 de la mañana a las 12 del mediodía. Es decir, hay que llegar temprano para hacer los trámites correspondientes para tener el pasaporte.

Tercero. Debido a la distancia/tiempo arriba mencionada y las limitaciones del horario, lo más conveniente es salir a las 6 de la mañana de mi casa para llegar al mentado consulado o, lo que suele implicar un gasto más, quedarse en un hotel la noche anterior.

Finalmente, por si no era suficiente lo anterior (y claro, el hecho de que ODIO hacer trámites) el famoso pasaporte sólo tiene un año de vigencia. Es un pasaporte de EMERGENCIA, que le llaman. No hay manera de sacar un pasaporte de mayor duración en una oficina consular. En otras palabras, tengo que ir una vez al año a hacer dicho trámite o volar cerca de 24 horas (y el equivalente a 1,500 dólares) para sacar el otro documento.

No crean que no me he preguntado por qué diablos no saco la ciudadanía norteamericana, ya que hace casi diez años que vivo en este país. Pero, al igual que me pasó después de muchos años de vivir en México, no logro convencerme de ser ciudadana dual. Y ahí, de repente, me doy cuenta por qué me parecen tan fascinantes Fierabras y su hermana, Floripes (los personajes centrales de Historia del emperador Carlo Magno y los doce pares de Francia... o sea, el texto principal en que se basa mi tesis doctoral).

Al igual que Fierabras y Floripes (y muchos expatriados y migrantes), mi identidad está asociada a una diversidad de elementos más allá del linaje. Mis costumbres alimenticias, mi forma de ataviarme y comportarme en sociedad, mis expresiones verbales y físicas me hacen un híbrido. No soy totalmente mexicana, ni argentina, ni norteamericana... y si pensáramos en linaje (u origen "racial" que le llaman acá), pues tampoco soy ucraniana, bretona o catalana. Cuando me piden que me identifique, es decir que me preguntan si soy "hispana" o "latina" no tengo más alternativa que contestar que sí lo soy... pero que soy blanca (caucásica). O digo que soy una "mujer de color [blanco]," para incluir en esta etiqueta mi intersticialidad y posición ideológica.

De manera similar a Fierabras, siento que mi pertenencia está dividida. Ojalá sólo fuera entre mi padre (musulmán, en el caso de Fierabras) y mi señor (cristiano, en el mismo caso), como le pasa a él. A mí no me queda tan clara la frontera, pues encima de todo soy judía conversa hija de un hombre que se autodenominaba "culturalmente judío" y una mujer que a veces se dice atea, pero que lee en ocasiones la revista Atalaya.

Me pregunto, ¿habrá alguien que no se perciba como un ente dividido entre multiplicidad de etiquetas aparentemente contradictorias? Dime, lector, ¿cómo te identificas tú?

17 de diciembre de 2012

Reacciones inesperadas

Hoy, por fin, me llegó el primer correo electrónico diciendo que no, gracias... Es una carta que usan siempre, como un formato que dice: "despite your excellent qualifications, other candidates have been chosen". Digamos que después de haber hecho un montón de solicitudes, evidentemente sabía que recibiría muchas de estas pero esta es la primera.

Lo que me sorprende es que no siento nada. No sé si será porque ya lo esperaba, si sabía que ese puesto no era del todo el perfecto y no estaba ilusionada. No sé. Pero allí no voy a trabajar, desde luego.

En fin, la vida sigue...

11 de noviembre de 2012

La academia y la moda

Sí, efectivamente... la moda. No, no hablo de modas académicas en el sentido de tendencias del pensamiento. No, no hablo de actitudes políticas entre académicos. Hablo de ropa, de lo que uno debe ponerse para ir a una entrevista de trabajo (traje sastre de dos piezas y zapatos cerrados).

Después de terminar tres paquetes de solicitudes el día de hoy, estuve buscando el traje ideal. El problema principal es que extraño a alguien muy especial, que se encuentra de regreso en la Universidad de los Andes. Esa persona sería el perfecto acompañante para encontrar el traje mágico, del color adecuado y el mejor material.

¿Por qué no me dedico a saltimbanqui y me pongo cualquier cosa?

10 de noviembre de 2012

Con las novedades de hoy...

Sobrevivo, con dificultad, la decisión de dejar Facebook temporalmente. Me había dado cuenta que paso demasiado tiempo en el website, así que de aquí a diciembre estaré fuera de órbita.

En otro orden de noticias, creo que he logrado encontrar cómo hacer que mis alumnos nativos (heritage speakers, que les llaman en inglés) aprendan a escribir ensayos. Explicar cómo se escribe de acuerdo a las reglas locales es complicado, pero parece que hoy funcionó la clase suficientemente bien. Esperemos que lo aprendido hoy no se desaprenda mañana.

Sin más, me dedicaré a leer el resto de la noche.