31 de marzo de 2012

No estaba muerta...

andaba de parranda... bueno, eso dice la canción. En mi caso, estaba terminando la revisión de mi segundo capítulo. Ahora que terminé esa tarea, me puedo dar el lujo de escribir una notita para decir que estoy viva y feliz.

Además, ando de viajera. Estoy en Silver Spring, MD visitando a ya-saben-quién (y si no saben, mejor ni pregunten). Por fin he hecho un viaje que no tiene que ver con hacer investigación, aunque aproveché para ir a un simposio en el que presentaron dos estudiosas del tema que me interesa. Suzanne Conklin Akbari escribió Idols of the East, un libro del que me interesan especialmente los capítulos tres y cuatro. La otra es Barbara Fuchs, cuyo libro Exotic Nation ha sido básico para entender los procesos en la Península Ibérica justo antes del periodo en el que ella se enfoca. Pero Fuchs tiene otros libros que han sido esenciales en mi trabajo académico. Ahora, imaginen qué maravilloso es tener la oportunidad de ver y charlar con ambas el mismo día.

Fuera de eso, esta su servidora se ha dedicado a visitar el gimnasio del edificio para hacer cardio diariamente... y nada más. Que conste que esa es mi vida.

22 de marzo de 2012

Rápida notita...

para marcar los festejos de primavera: terminamos el trimestre, estoy de vaGaciones (que poco me durará) y me tratan como princesa.

Por lo pronto, mañana iré al Museo Textil a ver qué encuentro que me ayude a pensar en mi capítulo sobre disfraz e identidad. Luego, visitaré un espacio llamado Artisphere pues están exhibiendo cosas de/sobre Frida Kahlo.

Nada mal para un viernes por la tarde en Washington, DC. Ya los tendré al tanto de las cosas que se me ocurran. Por lo pronto, buenas noches...

16 de marzo de 2012

Hoy, por ser...

no, no estoy cantando "Las mañanitas". Y la verdad, es que a mi papá no le gustaba mucho esa canción, así que para qué cantársela si en lugar de ello podría escuchar "St. James's Infirmary" que le gustaba tanto. A mí me hacía llorar cada vez que él la tocaba, no sé bien por qué. La versión vinculada al título fue grabada en el mismo año que mi padre nació, será por eso que tenía una relación especial con ella.

Mientras escucho blues en su honor, sé que también debería beber un whiskey (single malt, Glenfiddich de preferencia) para hacerle todos los honores a mi papá. Tendría que comerme un sandwich de salame o de jamón serrano, porque el whiskey solo no es una buena idea.

Acompañaría todo esto con una agradable charla sobre cine, normalmente iniciada con un "¿has visto alguna buena película últimamente?" Y seguramente se burlaría de mí, porque quiero ir a ver "Juan of the Dead" este fin de semana. O hablaríamos de literatura, de filosofía, de arte... pues eso es lo que definía mi relación con mi padre. Aunque también podríamos charlar sobre las cosas que me preocupan, las ideas que he tenido y desechado porque no es fácil hablar de esas cosas con muchas personas. Y sí, ese era mi padre... un hombre que disfrutaba de las cosas terrenas y también de las espirituales de una forma muy personal.

La verdad, lo único que sí hice hoy es comprarme un pantalón que contiene lino. Eso me trae a la memoria un viaje que hicimos toda la familia por Italia y fuimos a Bologna. Allí, mi papá entró a una tienda de trajes de lino y quería que yo le ayudara a elegir uno (porque además de todo, yo era su "asesora" para esas cosas). Lamentablemente no pude ayudarlo, pues descubrimos que soy alérgica al lino puro (o al lino en grandes cantidades). Al final, se compró un saco de lino color azul claro que no le quedaba demasiado bien (el color no era el más adecuado para él), alguien más se lo eligió.

Cada quién tiene recuerdos diferentes de las personas. Seguramente mi hermana contaría otro tipo de historia acerca de este hombre que, para mí, fue tan esencial. Heredé (o aprendí) de él a preferir zapatos de buena calidad, en lugar de zapatos baratos que terminan lastimando; a dedicar horas a la lectura y a la ensoñación, aunque a veces hay que recortar esos tiempos; a llamarle a los amigos sólo porque sí, para ver cómo están. Sin duda, lo más importante que aprendí de él es que la vida dura demasiado poco para desperdiciarla en cosas que no nos gustan.

Lástima que no me duró mucho mi padre... o no me duró lo suficiente. Hace ya doce años que se fue y estuvo cerca de ocho años padeciendo de Alzheimer's (y "padeciendo" es la palabra más adecuada, porque estuvo consciente del deterioro hasta avanzada la enfermedad). Es decir, hace casi veinte años que lo empecé a perder y, sin embargo, sigue estando junto a mí y en mi memoria.

ʻoseh shalom bimromav
hu yaʻase shalom ʻalenu
v'ʻal kol  yisra'el, v'ʼimru amen

3 de marzo de 2012

De animales y monstruos...

Julia Pastrana en exhibición
Acaba de aparecer en España el libro De animales y monstruos, un volumen que contiene una serie de ensayos que formaron parte del seminario con el mismo nombre que tuvo lugar en MACBA (Museu d'Art Contemporani de Barcelona). Tras apenas haber leído la introducción a cargo de Xavier Antich, siento la necesidad de poner en palabras mis propios pensamientos al respecto de esta polifonía teórica, aunque quizá el término heteroglosia podría ser más adecuado en este caso.

Antich inicia su introducción estableciendo una genealogía de la alteridad, en donde animales y monstruos forman un contínuo pero también una figura liminal para el hombre. Desde Aristóteles, pasando por Cixous, Deleuze, Derrida y Foucault, "las nociones de monstruo y de animal han ocupado... el espacio del otro radical, exógeno o endógeno, frente al cual el humano... ha pretendido definirse", dice Antich (23).

La idea que me preocupa mayormente en este texto introductorio en la indefinición de los términos. Quizá demasiado acostumbrada a los discursos académicos norteamericanos, esperaría una clarificación de lo que es "monstruo". No es porque no sepa yo que viene del latín e implica una muestra, demostración, corporarización de lo Otro. Sin embargo, parecería que las fuentes a las que se refiere Antich no comparten una definición en particular. En algunos casos, lo monstruoso es la mixtura (de especies, de individuos, de sexos, de vida y muerte, de formas [21]). En otros, está asociado a lo bárbaro (17), es decir lo extranjero o lo no inteligible. Pero también es, como ya lo han dicho muchos, lo abyecto, lo que rechazamos de nosotros mismos.

No obstante, el recordatorio de la continuidad hombre-no hombre (sea animal o monstruo) es por demás valioso. Claro está que en cuanto escribo "no hombre" de inmediato pienso, animal :: monstruo :: mujer. Y esto me lleva a mencionar el ensayo contenido en este volumen escrito por Pilar Pedraza. Aunque estoy lejos de haber terminado de leer este ensayo, queda claro que Pedraza vincula la animalización de la mujer y la recuperación de la barba feminina. Por ello, la imagen de Isabel Pastrana, una mujer pilosa. En horabuena nos llega este volumen sobre monstruos.

Antich, Xavier, et. al. De animales y monstruos. Barcelona: MACBA, 2011.

29 de febrero de 2012

Tiempo, periodo, momento

Tiempo, sustantivo masculino. Del latín, tempus. Según la Real Academia Española, es la "duración de las cosas sujetas a mudanza" o la "magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro. Su unidad en el Sistema Internacional es el segundo". El tiempo, en otras palabras, es una convención para medir series de eventos. Por demás críptica idea que fascinó a Jorge Luis Borges, a Julio Verne y a muchos otros escritores.

En términos de nuestra finita y minúscula vida, es sólo un referente con dos manecillas. Lo que marca nuestro suceder cotidiano es ese movimiento constante que dividimos en segundos, minutos, horas, días, meses y años. Y así, controlamos o queremos controlar nuestro devenir. Dividimos nuestro de por sí convencional tiempo en periodos específicos: la primera infancia, la adolescencia, la madurez, la vejez. O en términos de escolaridad: la escuela primaria, la secundaria, la preparatoria, la licenciatura, el posgrado.

Es esta última periodización la que me mueve a escribir el día de hoy. Hace muchos años empecé un camino que, al principio, me llevó de la mano. Inicié la escuela primaria a los cinco años. No había duda que eso tenía que hacer. Y seguí la ruta trazada. El penúltimo año de la preparatoria tuve que decidir el área de concentración que tomaría. Esa fue la primera vez que tuve que abrir una puerta y cerrar otras. Y una cosa me fue llevando a otra...

Hasta hoy, que me queda clarísimo que esa ruta tiene un final y se está acercando. No, no me refiero a la muerte sino a la defensa de la tesis doctoral. En unos meses tendré ese documento terminado. Significa que nunca más seré alumna (porque no hay manera de que vuelva a iniciar este proceso, nunca más). Esto quiere decir que la periodización termina, para iniciar otro ciclo, el escalafón académico.

Así, llego a este momento preciso de mi vida. ¨"Momento, del latín, momentum. Porción de tiempo muy breve en relación con otra" dice la Real Academia. Pero también es una oportunidad u ocasión propicia. No sé propicia para qué, pero sólo queda vivirlo.

25 de febrero de 2012

La dieta académica

Sí, hablemos de peso. Hablemos hoy de cuánto pesa nuestro proceder académico. De cuánto nos pesa una carrera académica, o cuánto pesamos mientras estamos en este proceso. Pensemos en ello, qué cantidad de peso tenemos en nuestros hombros, en nuestro cuerpo, en nuestras mentes.

Es por demás lógico que estoy hablando de varios asuntos relacionados, cuando me refiero a peso. Por una parte tenemos el peso de ser académicos. ¿Qué significa esto? Me refiero a las responsabilidades que adquirimos no sólo con nuestros estudiantes, a los que vemos con frecuencia durante el curso y quizá menos cuando han dejado de ser alumnos en el aula, también me refiero a las obligaciones que tenemos ante la comunidad académica. Aunque pareciera una perogrullada, la manera en que ejercemos nuestra vida cotidiana (tanto dentro como fuera del salón de clases) tiene un importante peso en nuestra carrera académica.

En segundo lugar, me parece también una obviedad (sobre todo en el caso de quienes están en el proceso de doctorarse) que para llegar al punto de ser un académico uno debe soportar un enorme peso en los hombros. Aquí no me refiero a las obligaciones que tenemos con los demás, sino a la posibilidad de fallar ante nosotros mismos. En una institución universitaria como la mía, es prácticamente imposible reprobar un seminario siendo alumno de posgrado. Sin embargo, veo de manera cotidiana (y lo experimenté en carne propia, cuando aún tomaba seminarios) que la mayor presión es auto-ejercida.Claro que los profesores esperan que seamos buenos alumnos, pero muchas veces escuché a algún profesor decir que no hacía falta que nos presionáramos de esa forma.

Finalmente, lo más evidente. Muchos alumnos de posgrado aumentan de peso durante el proceso. Sí, esta vez me refiero al peso físico, a aumentar de talla, a mirar la balanza y pensar que algo malo está pasando. Subimos de peso no porque nuestro cerebro se ejercite y crezca, sino porque pasamos muchas horas sentados leyendo y escribiendo, tomando notas, haciendo ensayos, presentando en conferencias o en seminarios.

Entonces, la pregunta obvia sería ¿cuál es la dieta más adecuada para ser un buen académico? Mi experiencia me indica que lo mejor es un ambiente cálido y acogedor, en donde uno se sienta parte de un cuerpo colegiado, aceptado por los demás y aceptando a los que nos rodean. Si son alumnos, compañeros o profesores, da lo mismo. Todos requieren sentirse apreciados.

Otro elemento importante para una dieta académica sana es la colaboración. Ya he escrito al respecto antes. De nada sirve estar en una torre de marfil, pues la riqueza intelectual se desarrolla mucho mejor en el ejercicio de intercambio, en la discusión, en la inter-polinización. La soledad, como aprendiz o maestro en la academia, sólo lleva a una profunda tristeza. No podemos ser parte de nuestra sociedad si nos escondemos a la distancia.

Por último, no me queda más que recomendar un ejercicio sumamente productivo para quienes están en este camino. Hay que hacer lo que Einstein hacía con algunos amigos... salir a caminar con colegas siempre es saludable, por muchísimas razones.

14 de febrero de 2012

Liberando un poco de presión

Las mujeres somos particularmente sabias en algunos aspectos. Por ejemplo, sabemos que hablar de nuestros problemas no los resuelve pero ayuda a pensar en las soluciones o, por lo menos, dejar que los niveles de estrés bajen. En inglés le llaman "to vent". No me gusta la traducción literal del verbo, así que no llamo a esta acción "ventilar". Prefiero imaginar una olla de presión con la válvula sonando: ese sonido tan conocido en América Latina y desconocidísimo en los Estados Unidos (ya no usan ollas express, sino ollas de cocimiento lento), ese es el que imagino mientras escribo esta entrada en mi diario.


La verdad, no es que tenga muchísimo que hacer. Bueno, no más de lo normal. Sólo tengo que calificar exámenes parciales, tratar de avanzar en la revisión de mi primer capítulo, además de escribir una carta de recomendación para un ex-alumno. Eso es todo para hoy... y ni siquiera es que tenga que hacer todo eso ahora mismo.

No sé por qué me siento tan presionada. Imagino que será el cansancio acumulado, volver a comenzar a hacer ejercicio, enseñar una clase que no me emociona, qué sé yo. Quizá es que necesito unas vacaciones reales, en las que no haga nada... NADA... NADA. Claro, no me puedo imaginar tales vacaciones sino como un desastre espantoso, enloqueciendo de aburrimiento.

Bueno, ya está... ya lo dije. Ahora, a trabajar.