15 de abril de 2012

Las abuelas

¿Cuántas abuelas tienes? Yo tengo muchas, muchísimas de hecho. Será porque crecí a distancia de mi familia extendida, así que a muy temprana edad ya tenía abuelas de repuesto. En la foto a la izquierda se ve una imagen de una reunión de las Trece Abuelas. Trece mujeres de diferentes rumbos compartieron sus vivencias. Con ese espíritu en mente, me propongo a contarles de mis abuelas.

Mi abuela materna, la única abuela "de sangre" que conocí, fue durante mis primeros dos años más bien mi madre, mi cuidadora cotidiana. Ella me daba de comer y me tenía a su lado. De eso, recuerdo muy poco. Era yo muy pequeña y poco después nos fuimos de mi país a otro... que se volvió mi país poco a poco. Ya sé, quien me conozca personalmente seguro pensó que hablo del reino del águila y la serpiente. Pero no, déjenme decirles que mi segunda patria estaba más al norte, aunque entonces yo no lo tenía tan claro.

Por un año tuve una nueva cuidadora, una mujer que no recuerdo realmente. Ella y yo, al parecer, podíamos conversar sin problemas aunque mis padres no lo lograban. Esta mujer era africano-americana, por lo que seguramente tendría algún acento (y pobres mis padres, el inglés que conocían era de la zona industrial de Inglaterra). Yo creo, a pesar de no tenerla tan presente, que esta mujer de alguna manera era como una abuela en su momento.

Y otra vez volvimos a emprender el vuelo, ahora sí a la tierra de los movimientos telúricos. Allí conocí a dos mujeres fabulosas, ambas mis abuelas. Primero que nada Ana María Rubalcava viuda de Almada ("Nanis" de cariño), de la que jamás me olvidaré. La recuerdo parecida a Marlene Dietrich, pero seguro me equivoco. Nanis fumaba, tomaba café express en tacita chiquita, se pintaba los labios muy rojos y tenía un perrito salchicha adorable, llamado Nene. Nanis me enseñó las cosas más divertidas del planeta y, sin lugar a dudas, era una versión mexicana de Mary Poppins pero de clase muy alta (y nada de andar cargando planchas y cosas así en un bolsón). La verdad, era una señora bien, divina y llena de imaginación.

Un poco más adelante, la Sra. Bonilla se volvió una abuela para mí... aunque mi relación fue un poco menos estrecha con ella. Su fascinación por las telenovelas es algo que recuerdo con mucha precisión... y su afán de enseñarnos (a mi hermana y a mí) a cocinar y lavar platos correctamente. Debo agradecerle también ese amor materno que prodigaba a quien se le acercaba.

Y así llega 1971, año en que finalmente tuve a mi propia abuela viviendo bajo el mismo techo. Si hubiera una máquina del tiempo, regresaría al pasado y le pediría disculpas por hacerla rabiar. Aunque, para ello necesitaría tener la sabiduría que tengo ahora, 40 años después. Podría ser que le hubiera pedido que dejara de meter cizaña en las ya de por sí tensas relaciones familiares. ¡Qué sé yo!

El hecho es que tener tantas abuelas es productivo, porque finalmente uno logra ser parte de otras telarañas... esteee, redes familiares, quise decir.

Puesta al día: Hace muy poco recibí la nota que apareció en el periódico acerca de la muerte de mi otra abuela "de sangre". Creo que merece ser difundida, porque fue mi abuela y tiene un lugar en mi corazón aunque no la haya conocido. Ah, agregaré que mi padre tenía dos años y medio cuando ella murió.

2 comentarios:

Lya Szhafir dijo...

Grande Nanis, genia total!!!
recuerdo que me lavó la boca con jabón por decir groserías, y no, no sirve, eh?
mi recuerdo es que tenía varios perros salchicha y que todos se llamaban nene
una genia

Fernanda Aguilar Almada dijo...

Soy la nieta de nanis y la describes tal cual. Me gustaría conocerte, saber cómo fue que conociste a tan maravillosa abuela como Nanis

soy fernanda